En la renta fija el inversor conoce de antemano las condiciones en que el emisor le devolverá el capital y le pagará intereses (aunque la tasa sea variable, la regla de cálculo está pactada). Ejemplos: títulos públicos, obligaciones negociables, letras, cheques de pago diferido.
En la renta variable el inversor no conoce el flujo de fondos futuro: depende de los resultados de la empresa y de la cotización. El ejemplo típico son las acciones, cuyo rendimiento surge de los dividendos y de la ganancia o pérdida de capital.
Fuente: Mercado de Capitales (IAMC/UBA)